Nuevos hábitos

8 de abril de 2013

 

Como la necesidad de comer o dormir, ayer me nació la necesidad de escribir. No es algo para lo que tenga un particular talento, pero casi ninguna de las cosas en las que soy bueno me eran natas. Esto se dio porque me topé con algo que escribió alguien con quien compartí varias horas de mi vida no hace mucho. Supongo que al leerlo me inspiró a hacer lo mismo; claro, yo no podría escribir ni la mitad de lo bien que lo hace ella, pero heme aquí, tratando de sonar coherente y sincero en el intento, cosa muy complicada para un ser humano de mi edad, o de cualquier otra.

Admiro a los que escriben. Es más difícil que hablar. Cuando hablas no debes tener un discurso coherente, porque cinco minutos después de que empezaste quien te escucha ya olvidó lo que dijiste al principio. Si escribes la gente puede regresar al párrafo o a la página anterior. Supongo que es una lección de vida.

Ayer por la noche, después de hacer mucha lectura para una clase en la facultad que me gusta mucho, pero que es un verdadero dolor de cabeza (econometría para los versados) prendí un cigarro, me senté y me puse a pensar en los tropiezos que he tenido con la gente, en los tropiezos buenos, en las coincidencias gratas, en como algunas se desenvolvieron en relaciones de amor o amistad y otras se marchitaron. Y me pregunté si debí intentarlo más, si debí ser más valiente o tener más paciencia. Curiosamente me he encontrado en los últimos 6 meses con circunstancias que me requerían eso. Diría que es una señal, pero no creo en señales divinas, sólo el aprender por pendejo.

Al final, preguntarse semejantes cosas no hace ninguna diferencia si no tomas un paso para cambiar. El mundo está lleno de roles y prejuicios, cansarnos la espalda cargando con esa mierda no vale la pena. De por sí ya tenemos nuestros miedos, inseguridad e incapacidad de ver el futuro como para no arriesgarnos a experimentar por cualquiera de esas restricciones artificiales.

A veces nos escudamos en el individualismo, en que somos fuertes, en la idea de que tenemos todo, o de que nos bastamos para lo que sea. Yo lo hago. Pero supongo que también sé cómo es la vida con alguien a quien verdaderamente amas, y que tienes la confianza de que te ama, alguien que te es graciosa e inteligente en su propia manera, con quien te sientes libre, y sé que no vale la pena ser tan pusilánime ni orgulloso. No me hubiese dado la oportunidad de intentarlo. Lo chistoso es que, al principio, no le daba muchas posibilidades de éxito; yo y mis ideas salimos con la cola entre las patas después.

Y aunque no lo parezca, no solo hablo de relaciones amorosas, sino también de amistad, siento que aplica igual.

De hecho estoy acostado mientras escribo, y no sé porqué lo hago, pero es la misma pregunta planteada más arriba, ¿por qué no?

 

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